La historia, entendida como materia escolar, no debe concebirse como un cuerpo
de conocimientos acabados, sino como una aproximación al conocimiento
en construcción. Dicho acercamiento deberá realizarse a través de caminos que
incorporen la indagación, la aproximación al método histórico y la concepción
de la historia como una ciencia social y no simplemente como un saber erudito o simplemente
curioso. Por ello, es importante definir la historia para ser enseñada como
un cuerpo de saberes que no solamente incorpora lo que ya conocemos gracias
a los historiadores, sino que además nos indica cómo se construye el conocimiento
y cuáles son los procesos y las preguntas que debemos formularnos para llegar a
tener una idea explicativa del pasado. En el presente capítulo se intentará definir
el valor formativo y educativo de esta disciplina y determinar a través de qué
elementos se pueden alcanzar los fines didácticos que incorpora.
La Historia, como disciplina académica, es una de las materias educativas que
mayores posibilidades posee para la educación y la instrucción de la juventud.
Debe ser, por lo tanto, respetada y enseñada correctamente en nuestros planes
de estudio de educación primaria y secundaria. Esta afirmación no se basa en la
idea corporativismo de los que enseñamos historia en el sistema educativo, sino que
se sostiene en la comprobación, cada vez más rigurosa, de los grandes beneficios
que comporta su adecuada enseñanza y las transformaciones que experimentan
quienes la aprenden.
Los cuatro grandes ámbitos que determinan sus posibilidades en el proceso de
enseñanza/aprendizaje son los siguientes: Facilita la comprensión del presente. Contribuye a desarrollar las facultades intelectuales. Enriquece otros temas del currículo y estimula las aficiones para el tiempo libre. Ayuda a adquirir sensibilidad social, estética, científica, etcétera.
Veamos cada uno de estos aspectos, que pueden considerarse de carácter
general y aplicable —en su adecuado nivel—, en todas las etapas educativas, de
las primeras a las más avanzadas, y en la propia enseñanza universitaria.
La historia que no se puede buscar en Internet Finalmente, hay que decir que la historia no nos proporciona respuestas sin que se
le formulen preguntas; la historia es un poderoso aliado en la tarea de interrogarnos
sobre nosotros mismos como grupo social. Sin embargo, las respuestas de la
historia siempre responden a preguntas. Saber qué ocurrió o cómo ocurrió; conocer
el porqué de las acciones humanas en el pasado, o los motivos que tenemos
para actuar y diferenciarlos de las causas que desencadenaron un proceso forma
parte de la tarea de la historia. Y esto también debe incluirse en el currículo.
Enseñar al adolescente a saber formular preguntas es quizás la tarea más difícil
del docente.
Durante siglos la tarea de los profesores ha consistido en enseñar al alumnado
a responder a las cuestiones que se le planteaban. Hoy, en la era de Internet,
lo más importante no es que encuentren respuestas con los buscadores de la red. Lo
más importante es que aprendan aquello que no puede ser buscado en Internet:
a menudo en esto consiste formular preguntas. Es fácil hallar respuesta a la fecha
del descubrimiento de América o de la caída de Constantinopolitano a manos de los
turcos; más difícil es formularse cuestiones sobre estos hechos. Y la historia es una
disciplina que, como otras muchas, comparte la tarea de intentar enseñar a diferenciar
entre las preguntas que son posibles y las que no lo son; las que tienen
respuesta y las que carecen de ella.
En efecto, el historiador puede preguntar siempre sobre las causas de los hechos,
e intentar diferenciarlas de los motivos que tenemos los humanos para actuar.
Causas y motivos siempre proporcionan preguntas lícitas, con respuesta o sin
ella; sin embargo la historia, como cualquier otra ciencia social, nunca puede dar
respuestas a aquellas preguntas que hacen referencia a lo que no existió. Si tomamos
como ejemplo la física, podemos preguntar sobre la naturaleza de la corriente
eléctrica y las respuestas se basarán en el análisis físico de la misma, pero no podemos
preguntar a la física si en una habitación hay fantasmas, ya que previamente
deberíamos poder mostrar cuál es la naturaleza física de un fantasma.
México tuvo mejores momentos en el sistema educativo y decayó por diversas
razones. La explosión demográfica ha servido de explicación dominante, aunque es
menos convincente cuando nos damos cuenta que ésta también afectó a China
y a la India sin que haya sido obstáculo para su transformación. Lo cierto es que
México aparece siempre en los últimos lugares de los informes sobre la educación
de los países de la ocde, hecho que se ha convertido en un reto para el sistema
político y debía ser un acicate para los maestros que pueden impulsar la transformación
del sistema educativo mexicano.

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